La actividad física en la tercera edad

La tercera edad corresponde al período de la vida humana llamado ancianidad, pero desde hace bastantes años atrás a esta etapa se la ha llamado tercera edad. Vale aclarar que esta etapa no se encuentra condicionada para evitar el ejercicio físico, por el contrario la actividad física debe continuar a pesar de la edad y además es en la ancianidad cuando se requiere mayor actividad en pos de fortalecer los músculos y las articulaciones por lo cual también vale aclarar que los ejercicios físicos recomendados para la ancianidad no son los de alto impacto que pueden causar lesiones en las articulaciones, pero pueden realizar ejercicios con resistencia para mejorar la postura a fin de no encorvarse, fortalecer las muñecas y las piernas.

Caminar es el mejor ejercicio para toda etapa de la vida y también lo es para la ancianidad, momento en el cual las obligaciones decaen, los hijos se van y los ancianos puede caer en depresión y olvidarse de la vida tornándose la cama su mejor aliada, aunque en realidad es la peor aliada.Por este motivo, al llegar a la ancianidad, los individuos deben ser acompañados para realizar leves ejercicios físicos para mantener activos sus miembros inferiores.

Esto es una cuestión que la familia de los abuelos que deben tener en cuenta que es fundamental permitirles deambular en la casa libremente permitiéndoles también realizar las tareas que venían haciendo siempre y cuando no sean peligrosas para su salud y ellos se encuentren en buenas condiciones mentales.Además de las caminatas a ella se le suman todos los ejercicios aeróbicos como la bicicleta fija, yoga y meditación para que favorezca su capacidad respiratoria.

Las rutinas de ejercicio físico deberían ser progresivas en función de la salud y equilibrio del anciano, en definitiva buscar y seleccionar ejercicio que no le causen dolor y que sean potencialmente riesgosos que en lugar d beneficiarlo podría perjudicarlo.

Cabe aclarar que las rutinas de ejercicio físico siempre debe ser guiada por una persona idónea y recomendada por el médico personal del abuelo.Nunca se deben tomar resoluciones por simple decisión propia ni recomendada por terceros si no se ha hecho una consulta con el médico que conoce a la persona en cuestión.

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